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EJEMPLO DE APELLIDO

Aparicio


Datos generales

Linaje de origen confuso, ya que dependiendo del linaje, podemos decir que es Cántabro, de Barruelos, de donde se extendió a Castilla, Aragón, Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucia, Extremadura y America, o Vasco, ya que los primitivos solares de este apellido estuvieron asentados en las encartaciones del Señorío de Vizcaya.
Se trató de casas fuertemente amuralladas, casi auténticas fortalezas, preparadas para resistir el ataque de los moros, si estos llegaban a producirse. De estas encartaciones vizcaínas, sus moradores partieron hacia las montañas asturianas, al enterarse de que el caudillo don Pelayo se había refugiado en Covadonga, a fin de reorganizar sus huestes y poder pasar a la ofensiva contra los musulmanes invasores de la Península Ibérica. Lucharon, pues, los Aparicio vizcaínos junto a las huestes de don Pelayo en cuantas batallas sostuvo contra los moros. Y sus descendientes continuaron la misma política de manera que se hallaban presentes en la toma de la ciudad de León. Fue precisamente del solar leonés del que partieron varias ramas que fueron extendiéndose por ambas Castillas, Extremadura, Murcia, Toledo y las tierras próximas a Madrid. Otra rama pasó a la isla de Cuba y otra al continente americano.
En el año 1.000, en la lucha contra los sarracenos floreció un célebre guerrero, el capitán don Pando Aparicio, cuyas hazañas se hallan consignadas en las crónicas de la época. En el año 1.320, vivieron tres hermanos, Alvar, Sancho y Rodrigo Aparicio, que fundaron distintos solares: el primero lo hizo en Castilla, el segundo en Extremadura y el tercero en Andalucía. Y de estas ramas, provinieron otras muchas, como por ejemplo, la que se estableció en Toledo. Otra rama hizo solar en la villa de Almagro, Ciudad Real, y posteriormente algunos de sus descendientes pasaron al reino de Murcia, cerca de Caravaca. La que se estableció en Madrid tiene su procedencia en la de Salamanca, fundada por don Juan Manuel Aparicio, en tiempos del Emperador Carlos V. De las de Andalucía, una rama procedía de Pedro Aparicio y otra de Hernando Aparicio. Ambos se encontraban en la toma de la ciudad de Sevilla, como consta en los repartimientos de tierras que se hicieron una vez ocupada la ciudad por las huestes cristianas. En dicho repartimiento los del linaje Aparicio obtuvieron como premio a su valor y lealtad ricas heredades.
Estuvieron también en la ocupación de Baeza, que rescataron del poder de los moros, como se acredita por el testimonio de serios y veraces autores, entre ellos el cronista don Alonso de Santa Cruz. Los del Reino de León fueron don Jerónimo, don Baltasar, don Melchor, don Manuel y don José Aparicio y de ellos proviene la rama que pasó a La Habana.
Fueron bastantes los miembros de este linaje que, al desear ingresar en las diversas Ordenes Militares, hicieron probanza de nobleza y limpieza de sangre, siendo todos reconocidos como notables hijosdalgo. De la rama que se estableció en Madrid, don Juan Aparicio y don Jerónimo Aparicio, hijos de don Melchor Aparicio, hicieron información de nobleza ante las Justicias de la Villa de Alcalá de Henares y de Madrid, en donde residían, con citación de los procuradores generales de ambos. y por auto de don Juan Lucas Cortés, Alcalde de Casa y Corte, fechado en l de agosto 1.667, se les reconoció su calidad de hidalguía y limpieza de sangre.
La rama de Cataluña y Valencia tuvo casas muy principales en estas regiones y algunos de sus individuos se apellidaron Aparici y Aparisi. Una rama de los de Valencia pasó a La Habana (Cuba) en la persona de Don Miguel de Aparicio y Marín, a quien le fue expedido certificado de blasones e hidalguía por el cronista Don Juan Alfonso Guerra el 5 de Noviembre de 1734.
Existe una certificación de nobleza extendida por don Francisco Gómez de Arévalo, Caballero de la Orden de Santiago y Rey de Armas de Carlos II y don Felipe V, a pedida de don Inocencio Aparicio, Secretario de S. M. y de su Consejo y Contador de la Real Hacienda del Infante don Luis. El peticionario hace constar que es hijo legítimo de don José Aparicio y de doña María de Font, naturales de la villa de Caldas de Mombuy y de Tarrasa, respectivamente, y que tenían su primitiva casa solariega en las montañas de Burgos, lugar de Berruel y Montera, en el valle de Huesgos, que se llamó de Aparicio, una de las más antiguas de aquellos lugares. Incidiendo en la rama que se estableció en el Principado de Cataluña, en la citada villa de Caldas de Mombuy, de ella fue el beato padre Sebastián Aparicio. De los de Madrid, don Pedro Aparicio, fue recibido por el Ayuntamiento de esta Villa y Corte como notorio hidalgo: Don Isidoro Aparicio, de la rama extremeña, fue obispo de Coria.
En la rama valenciana destacó fray Juan Aparicio, religioso mercedario y un distinguido literato como así lo atestiguan las numerosas obras que dejó. Entre los que pasaron a las Indias, en los primeros tiempos de su descubrimiento y conquista, se encuentra el capitán don Diego de Aparicio que primero estuvo bajo las órdenes del gobernador Velázquez y después pasó con Hernán Cortés a Mexico. Con ocasión de la ausencia de éste de la capital mejicana para enfrentarse a las tropas enviadas por Velázquez contra él, acusado de desobediencia y desconocimiento a su autoridad, Diego de Aparicio permaneció en la ciudad de Tenochtitlán, a las órdenes de Alvarado. Como sea que este cometió diversas torpezas en su trato con los aztecas, torpezas que provocaron el descontento popular, Aparicio, creyó oportuno advertirle, pero sus consejos no fueron oídos por Alvarado, lo que provocó la rebelión con la que se encontró Cortés a su regreso a la capital mejicana. Diego de Aparicio fue uno de los que quedaron encargados de organizar la retaguardia de los soldados españoles, en tanto éstos se retiraban en la infausta jornada conocida como 'la Noche Triste'. Pudo ponerse a salvo y, aún herido participar en la batalla de Otumba. Una vez pacificado el país, fundó casa en él, contrayendo matrimonio y teniendo sucesores que fueron los encargados de la extensión del apellido Aparicio en Mexico, donde se encuentra bastante generalizado.
De los tiempos cercanos, cabe citar a Julio Aparicio, un notable pintor español, nacido en Alicante en 1.773, y fallecido en el año 1.830. Fue discípulo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y pensionado en París y Roma. influyó mucho en su estilo la llamada 'escuela de David', acabando por ser uno de los más destacados representantes de la escuela neoclásica española

Escudo de armas

Escudo cortado, 1º de azur, un castillo de plata, con puerta y ventanas abiertas, sobre una roca de su color. y 2º de plata, una banda de sinople engolada de dragantes del mismo color, salpicadas de oro y lampasadas de gules. Bordura de azur con ocho veneras de plata.
Otros de Castilla: De oro, una faja de gules cargada con tres bezantes de plata, y acompañada de dos lebreles de sable pasantes en direcciones opuestas.
Los de Aragón: Escudo terciado en palo, 1º y 3º de plata, cinco armiños de sable puestos en sotuer. y 2º de gules, un león de oro que sale del agua y trepa por una roca de su color natural.
Los de Extremadura: Escudo cuartelado, 1º y 4º de gules, una estrella de oro. y 2º y 3º de oro, una cruz floreteada de gules.
Los de Cuba: Escudo cuartelado, 1º de oro, un castillo de gules aclarado de azur. 2º de azur, una estrella de oro de ocho rayos. 3º de plata, una cruz de gules como la de Calatrava. y 4º de oro, un león de púrpura sobre una roca de su color.
Escudo partido, 1º de azur, una banda de oro acompañada de dos aspas de plata. Y 2º de sinople, una caldera de plata. Bordura general cortada, la mitad superior de plata con ocho armiños de sable. Y la inferior de gules con ocho veneras de plata.
Escudo cuartelado: 1º, en oro, un castillo de gules aclarado de azur, 2º, en azur, una estrella de oro, 3º, en plata, una cruz floreteada de gules, y 4º, en oro, un leon de púrpura colocado sobre una roca parda y, sobre el todo, un escuson partido: 1º, en azur, una banda de oro acompañada de dos aspas de plata, y 2º, en sinople, una caldera de plata. Bordura general cortada, con la mitad superior de plata, con ocho armiños de sable y, la mitad inferior, de gules, con ocho veneras de plata.
Los de Soria y Burgos: en plata, cinco hojas de parra de sinople con nervios y contornadas de oro, colocadas en aspa. Bordura de gules.
Algunos de Castilla: en plata, una campana de oro batallada de azur.
En gules, un cardo al natural, con sus alcachofas, acostado de dos flores de lis de sable. Bordura de oro con cinco flores de lis de azur.
Otros de Castilla: en plata, una banda jaquelada de oro y gules acompañada en lo alto de un lucero de azur.
Los de Vizcaya: en plata, cinco panelas de sinople. Timbre con una correa, con su hebilla, pendiente de sable y la hebilla de plata, colgada y pendiente de un árbol de sinople.
En gules, dos torres de plata unidas por un lienzo de muralla y, en medio de las torres, una estrella de oro. Bordura de plata, con diez panelas de sable.
Los de Uribe: escudo cortado por una faja de oro: 1º, en gules, dos castillos de oro y en medio de ellos, una estrella de oro, y 2º, en gules, trece estrellas de oro.
Los de Laredo: escudo partido: 1º, en azur, cinco estrellas de oro, y 2º, en sinople, sobre ondas de azur y plata, unas peñas y, sobre ellas, una torre almenada con su homenaje. Bordura de oro.
Los de Leon y Valladolid: en oro, doce cabezas de águila de sable, arrancadas y goteando sangre, con el pico y ojos de oro.
Los de Leon: en sinople, dos cabezas de mujer al natural puestas en faja.
En plata, armiños de sable puestos en sotuer.



Fuentes

Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica - Vicente de Cadenas y Vicent.
Diccionario Hispanoamericano de Heráldica, Onomástica y Genealogía - Endika, Aitziber, Irantzu y Garikoitz de Mogrobejo

 
 
 
 

Escudos en madera